Un pájaro se desplazaba entre los autos. Volaba desde un espejo retrovisor hacia otro, pero no se dirigía hacia los árboles. Cristina Bulacio observó la escena mientras tomaba café. En ese movimiento inesperado encontró la imagen que buscaba para reunir años de escritura, lecturas y preguntas filosóficas.
“Esto es lo que quiero”, pensó. El pájaro sería el lector. Los espejos, cada uno de los textos en los que el pensamiento puede reflejarse, reconocerse y transformarse.
La filósofa, investigadora, docente y ensayista tucumana presentará hoy, a las 19.30, “El pájaro y los espejos”, un volumen de ensayos filosóficos publicado por la Editorial de la UNT. La actividad tendrá lugar en Libro de Oro (Cariola y Belgrano), Yerba Buena. Durante el encuentro dialogarán con ella Ana Cristina Terán, Josefina Gloose y Hortensia Ibarreche.
Alberto Rojo definió el sentido de la obra: “‘El pájaro y los espejos’ es una metáfora de la lectura. Cada texto es un cristal distinto donde el pensamiento se refleja y se transforma. Cristina escribe como quien conversa: con claridad, con elegancia y con la convicción de que pensar sigue siendo una aventura espiritual y una forma de resistencia frente a los dogmatismos de la época”.
Esa resistencia atraviesa tanto el nuevo libro como la vida intelectual de Bulacio. Doctora en Filosofía, desarrolló durante cuatro décadas su actividad docente en la UNT. A lo largo de su carrera dictó cursos, seminarios y conferencias en universidades argentinas y extranjeras y participó en proyectos de investigación sobre la condición humana, el lenguaje, la razón y la identidad. En 1999 impulsó junto con el filósofo Raúl Nader la creación del Instituto de Estudios Antropológicos y Filosofía de la Religión de la Facultad de Filosofía y Letras. Fue la primera directora de ese espacio.
Su producción está marcada por el diálogo entre la filosofía y la literatura, en especial por su lectura de Jorge Luis Borges como un pensador que formuló preguntas sobre el infinito, el lenguaje, la muerte, el tiempo y los límites de la razón.
Entre sus libros se encuentran “Como el rojo Adán del Paraíso”, “Los escándalos de la razón en J. L. Borges”, “De laberintos y otros Borges” y “Dos miradas sobre Borges”, realizado junto con Donato Grima. También fue presidenta de la Academia de Ciencias Morales, Políticas y Jurídicas de Tucumán, es miembro de Honor de la Universidad San Pablo T y recibió en 2023 el Premio Paul Groussac como personalidad destacada de la cultura.
Preguntas sin respuesta
- Para comenzar, ¿podría contarme sobre su trayectoria como docente, escritora y referente de la filosofía?
- Trabajé en la Facultad de Filosofía y Letras durante toda mi carrera. La materia de la cual fui titular es Antropología Filosófica. Adoré la docencia. Sigo dando clases de manera privada, sobre Borges, porque tuve una experiencia muy particular. Cuando preparaba uno de los tantos concursos que tuvimos, advertí que lo que yo estudiaba para Antropología Filosófica era muy parecido a lo que decía Borges, a quien leía para entretenerme. Entonces comenzó a unirse mi formación en filosofía con el pensamiento del escritor. En el fondo, Borges es un escritor, pero trabaja con la libertad de todo pensador. Es un pensador, no un filósofo”.
- ¿Qué relación encontró entre Borges y la filosofía?
- Fundamentalmente, se trataba de que tanto la filosofía como Borges formulan preguntas. Claro que lo hacen con una expresión distinta. Borges crea ficciones y, con esas ficciones, hace preguntas que no tienen respuestas sobre el más allá, la condición finita del ser humano, la debilidad del hombre, el fin y el límite del universo. Todas esas son preguntas filosóficas. Él simplemente las formulaba como un gran pensador y como un gran escritor. Entonces, fui haciendo esa unión. Creo que pude hacerlo porque me formé muy bien en filosofía. Hay una relación entre poder entender a Borges y estar formado en filosofía.
- Entre los grandes temas borgeanos, como el tiempo, el infinito, la identidad o la muerte, ¿cuáles continúan interpelándola?
- Trabajo todos sus temas porque están presentes. El infinito, el lenguaje y la finitud del hombre son los grandes temas que lo persiguen. El hombre es lenguaje, es pensador, y eso comenzó a pensarlo la filosofía al mismo tiempo que Borges lo pensaba por su cuenta. Eso es muy importante.
- ¿Encontrar esos paralelismos entre Borges y la filosofía cambió su lectura del escritor?
-Sí, cambió mi lectura. Una cosa es abordar a un Borges literario, que juega y crea una ficción, y otra es abordarlo desde las preguntas de fondo que están detrás de lo literario. Esas preguntas están ocultas en lo literal. En realidad, se pregunta por los grandes temas que tiene el hombre, y eso siempre fue materia de la filosofía. Está siempre rondando las preguntas sin respuestas. Escribí cuatro libros sobre este autor y creo que nada tiene peso si no hay una transmisión válida ni un continuador para que alguien pueda recoger ese fruto del saber. Para mí, eso es lo que ocurrió durante mis 40 años en la universidad.
El pájaro en el espejo
- Su último libro reúne ensayos filosóficos. ¿De qué se trata y qué propone?
- El libro consiste en un conjunto de trabajos realizados a lo largo de los años. Busqué que no fuera un libro académico. Es un libro que puede ser pensado por adultos. Estaba pensando qué título ponerle, porque los títulos de los libros son muy importantes. Mientras armaba mi libro, estaba tomando café en la casa de mi hijo. Miré por la ventana y vi un pajarito que iba de un espejo retrovisor a otro entre los autos y no se iba hacia los árboles. Entonces dije: “Esto es lo que quiero. Se va a llamar El pájaro y los espejos”. El pájaro es el lector y los espejos son los textos que están puestos ahí para ser leídos.
- ¿Cómo seleccionó los textos que forman parte de la obra?
- Elegí los que me gustaban. El libro tiene un artículo que hice para LA GACETA, un trabajo de un congreso y un trabajo sobre Borges que yo no había publicado. Lo que hice fue pedirle a Olga Acosta, que leyera en voz alta mis trabajos, porque una cosa es escribir, otra es leer y otra es escuchar. Esa lectura me permitió seleccionar los textos y reconocer mis errores. Ese fue el criterio. El vínculo fundamental de los textos es el pensamiento. Invito permanentemente a pensar. Creo que el hilo conductor es el incentivo a pensar, ya sea filosófica o literariamente. El pensamiento exige libertad. Si estás enganchado con una ideología o con un dogmatismo, es imposible pensar. El pensamiento exige libertad. Se puede pensar porque se es libre. He trabajado con temas filosóficos que afectan personalmente al hombre. Ese es el tema. Incluso está el tema de los laberintos y algunos cuentos de Borges.
Huellas de la universidad
- Como docente universitaria, ¿quiénes marcaron su trayectoria?
- “Genié” Valentié, Roberto Rojo, “Tota” Parpagnoli y Lucía Piossek. Los recuerdo como pensadores lúcidos y generosos. Eran generosos con su saber y con su enseñanza. Eso me transmitieron los mejores profesores de la época. Y, por supuesto, también los alumnos. Son cientos. Todavía encuentro alumnos en la calle que me paran y me saludan, aunque a veces yo no sé quiénes son.
Esos encuentros representan una de las formas más concretas de la transmisión que defiende. Su trayectoria no quedó circunscripta a los libros, las cátedras o las conferencias. También permanece en antiguos estudiantes que todavía la reconocen y en las personas que, aun después de su jubilación, se acercan para escucharla hablar sobre Borges.
Pensar
- Usted sostiene que pensar es una forma de libertad. ¿Qué significa esa idea en una época atravesada por la rapidez y por discursos breves?
- Significa que cada uno debe hacerse un espacio para sí mismo. Hoy la gente no piensa. Habla todo el tiempo y rápidamente. Se trabaja con la inteligencia artificial, que a veces contesta cosas absurdas, pero nadie piensa. La palabra pensar proviene de poner algo en la mano y calcular su peso. Pensar es eso. Significa cuestionar el mundo tal como se presenta. ¿Es como yo lo veo, es como es o es distinto? ¿Tengo acceso a la verdad?, se pregunta la filosofía. ¿Puedo encontrarme con la verdad o nunca tendré acceso a ella? La filosofía actual piensa que no, que la verdad tiene un ámbito formal. Pero la verdad, metafísicamente hablando, es un fundamento inalcanzable para el hombre.
Encuentros
La necesidad de abrir un espacio para el pensamiento no quedó sólo como una formulación teórica. Hace más de una década, Bulacio creó grupos destinados a leer, debatir y formular preguntas alrededor de la filosofía. Uno funciona de manera presencial en su casa y el otro se reúne a través de Zoom. “Los grupos nacieron por pedido de unas amigas. Comenzamos a hacer filosofía en un grupo pequeño. Es un espacio abierto y libre, uno en mi casa y otro por Zoom donde participa gente hasta de Miami y Buenos Aires. Nos reunimos porque nos sentimos cómodos para poder pensar y respetamos las ideas. Nadie viene con una mirada estructurada porque entonces no se puede avanzar en ningún terreno. Lo que se combate para poder pensar es la ideología. La ideología aparece cuando una sola idea domina todo el pensamiento. En ese caso, no estás pensando. Les hemos puesto de nombre ‘Encuentros Borges’. Vienen con total libertad. Si les gusta, se quedan, y si no, se van. Hay personas de diferentes condiciones y con formas diferentes de pensar. Alguna vez apareció alguien con una idea religiosa muy cerrada y se tuvo que ir porque estaba incómodo. Hasta la religión tiene que tener una cuota de libertad.
El valor de preguntar
- Al mirar su vida intelectual y su trayectoria, ¿existe alguna pregunta que todavía no haya podido responder y que la impulse a seguir escribiendo?
- Todas. Todas las preguntas son casi imposibles de responder. Tienen valor como preguntas, no como respuestas verdaderas. Mi trayectoria habla de un preguntar constante. Soy una constante pregunta, justamente porque me niego a ese encerramiento de la ideología y de los fanatismos.
A los años de docencia, las investigaciones, los libros y las conferencias, Bulacio suma ahora una nueva invitación. “El pájaro y los espejos” no busca presentar respuestas definitivas. Propone textos que funcionen como superficies de reflexión y un lector que se desplace entre ellos con libertad. Como aquel pájaro que llamó su atención entre los autos, el lector podrá detenerse en un espejo, cambiar de dirección y mirar otra vez. En ese movimiento se encuentra el centro de la propuesta de la tucumana: pensar no como la búsqueda de una certeza final, sino como una experiencia que exige tiempo, curiosidad y libertad.